CAPÍTULO 2 · EL ANTICRISTO · modelos de poder

Palantir: la piedra que todo lo ve

De la CIA a la aduana de Ecuador: anatomía de la empresa emblema del tecnofeudalismo.

julio 2026 · lectura larga

Peter Thiel tomó el nombre de El Señor de los Anillos: los palantiri son las piedras videntes que permiten observar cualquier rincón del mundo. La saga también advierte lo que pasa cuando una piedra así cae en las manos equivocadas. La empresa nació en 2003, fundada por Thiel y Alex Karp, con una particularidad que define todo lo demás: entre sus primeros inversores estuvo In-Q-Tel, el fondo de capital de riesgo de la CIA. Palantir no es una empresa tecnológica que terminó trabajando para el Estado de seguridad estadounidense; nació dentro de él, como respuesta al mandato post-11 de septiembre de integrar las bases de datos de todas las agencias de inteligencia.

La conexión con el caso Snowden es menos conocida y más incómoda. Cuando en 2013 Edward Snowden reveló la arquitectura de vigilancia masiva de la NSA, el debate público se centró en las agencias. Pero la investigación posterior de The Intercept (2017) documentó que Palantir había sido un habilitador técnico de ese ecosistema: colaboró con el GCHQ británico y su tecnología se integró con herramientas del entorno de XKEYSCORE, el buscador global de comunicaciones interceptadas. La lección estructural del caso Snowden no fue solo que los Estados espían: fue que la infraestructura comercial de datos y la estatal ya eran la misma cosa, con empresas privadas como bisagra. Palantir es esa bisagra hecha modelo de negocio.

La arquitectura de la empresa tiene tres pisos. Gotham, la plataforma para gobiernos: inteligencia, defensa, policía. Foundry, la versión corporativa: integra los datos de una empresa entera hasta volverse su sistema nervioso. Apollo, la capa que actualiza todo lo anterior de forma continua. El método comercial tiene nombre propio — 'land and expand' — y un ejemplo de manual: Palantir entró al sistema de salud británico (NHS) con un contrato de una libra esterlina durante la pandemia; hoy opera la plataforma federada de datos de salud de todo el sistema. Se aterriza con un contrato modesto, los ingenieros propios se instalan en la agencia cliente, la ontología propietaria se vuelve la estructura misma de los datos, y la salida se torna técnicamente imposible: 'vendor lock-in', dependencia arquitectural. En términos de este sitio: renta feudal por el acceso a tu propia información.

La lista de clientes dibuja el mapa del poder occidental: CIA, NSA, ICE (contratos por $30 millones para identificar y localizar migrantes), IRS, CDC y el Pentágono en Estados Unidos — incluido el sistema Maven de selección de objetivos por inteligencia artificial que, según reveló The Washington Post, se usó en la guerra contra Irán de 2026. GCHQ y NHS en Reino Unido. El Ministerio de Defensa israelí, con alianza estratégica firmada en enero de 2024, en plena guerra. La Bundeswehr alemana desde 2024 — aunque la inteligencia interior alemana (BfV) rechazó contratarla en 2026 y eligió un proveedor europeo: la excepción que muestra que decir no es posible. Los ingresos por contratos gubernamentales alcanzaron $4.475 millones en el año fiscal 2025.

El 18 de abril de 2026, la cuenta oficial de la empresa publicó en X un manifiesto de 22 tesis — 'La República Tecnológica, en resumen', síntesis del libro de Karp de 2025. El documento abandona toda pretensión de neutralidad: sostiene que el software es el sistema de armas en sí mismo, que la era de la disuasión nuclear termina y empieza la de la disuasión por inteligencia artificial, que Silicon Valley tiene una deuda moral con el Estado que lo hizo posible, y propone el servicio militar obligatorio universal. Las reacciones marcaron el vocabulario del debate: Yanis Varoufakis calificó su contenido como la encarnación del mal; el politólogo Cas Mudde lo definió como puro tecnofascismo y pidió a Europa cesar toda inversión en la firma; hubo protestas frente a sus sedes y tensiones internas entre sus propios empleados. Para el marco de este sitio, el manifiesto es un documento histórico: la primera vez que un señor de la nube publica su programa político sin mediaciones.

Y entonces, América Latina. El patrón regional replica el 'land and expand' a escala de continente. Ecuador es la cabeza de playa: oficina abierta y contrato con la aduana (SENAE) del gobierno de Noboa para combatir delitos aduaneros, reportado por CONNECTAS — un software capaz de cruzar la frecuencia de viajes de un ciudadano con sus declaraciones de renta y sus redes familiares. Argentina es el cortejo: Thiel compró una mansión de $12 millones en Buenos Aires, fue al Superclásico, se reunió con Santiago Caputo —el asesor que coordina la inteligencia estatal— y luego con Milei en Casa Rosada, sin prensa y sin agenda pública. Thiel había declarado en 2024 que «Argentina podría ser el futuro de Europa y Estados Unidos». En Chile, reunión reservada con el presidente Kast en La Moneda y con José Piñera, el arquitecto de las AFP. En Paraguay, el presidente Peña lo recibió llamándolo uno de los inversores más visionarios del mundo. En Honduras, Thiel financia Próspera, la ciudad privada con jurisdicción propia. En Brasil, el vicepresidente regional de la empresa afirmó que su sistema impulsa organizaciones clave del país sin especificar cuáles, con la estatal Serpro señalada como intermediaria. De Colombia no hay contrato documentado: hay, en palabras de la prensa especializada, una sospecha fundada. Este sitio la registra como lo que es — hipótesis, no dato — porque esa distinción es exactamente lo que nos diferencia de un panfleto.

Una nota teórica antes del cierre, porque el nombre del fenómeno importa menos que su mecánica. Leído desde la teoría de la crisis y la acumulación — la tradición que va de los esquemas de reproducción de Marx al ciclo de Goodwin (1967) y a la escuela de la regulación —, el tecnofeudalismo no cayó del cielo: es la salida que encontró el capital a la crisis de 2008. Cuando la rentabilidad productiva se agotó, la liquidez de los bancos centrales infló a las plataformas hasta convertirlas en infraestructura obligatoria de la vida — y el ingreso dominante mutó de ganancia (producir y vender mejor que otros) a renta (cobrar peaje por un feudo que nadie puede abandonar). Palantir es la forma acabada de esa mutación aplicada al Estado mismo: su cliente no puede quebrar, no puede irse, y ahora recibe también el programa político. Los economistas de la CEPAL modelaban en 1968 cómo se distribuye el excedente de una sociedad; esta es la misma pregunta, actualizada: ¿quién se apropia hoy del excedente, por qué mecanismo, y con qué consecuencia para todos los demás?

La pregunta final no es técnica sino política, y conecta con todo lo demás que este sitio documenta: ¿qué significa que los sistemas de aduanas, inteligencia, salud y selección de objetivos militares de decenas de Estados corran sobre la ontología propietaria de una empresa cuyo manifiesto declara que la democracia es un instrumento subordinado a la competencia entre civilizaciones? El Estado de bienestar redistribuía; el neoliberalismo mercantilizaba; el capitalismo de vigilancia extraía. El tecnofeudalismo cobra renta por la infraestructura de la vida — y por primera vez, publica su programa. Leerlo es el mínimo acto de soberanía disponible.

— FUENTES: The Intercept (2017, Palantir/GCHQ/XKEYSCORE); CONNECTAS (contrato SENAE Ecuador); eldiario.es, El Ciudadano, TRT Español, Proceso (expansión latinoamericana, reuniones Thiel 2026); The Washington Post vía piensaChile (Maven en Irán); Le Grand Continent (análisis del manifiesto); Expreso.ec, Infobae (manifiesto y reacciones); Derechos Digitales (análisis regional); datos financieros públicos de Palantir (FY2025).
Publicado en Teoría Roja — observatorio de economía política con método a la vista. Cada afirmación lleva su fuente y su estado de verificación.
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